La gran pasión por el cine: Cinema Paradiso

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Hace unos meses se celebraba el 25 aniversario de Cinema Paradiso (1988), uno de los grandes clásicos del cine moderno ganadora del Oscar a la Mejor Película de habla no inglesa en 1989. Dirigida por Giuseppe Tornatore y con una preciosa banda sonora compuesta por Ennio Morricone, la cinta habla sobre el amor al cine, pero también sobre la pasión por la vida, las ganas de crecer, la independencia personal, las ganas de huir y el regreso a los orígenes.

La primera vez que vi Cinema Paradiso fue hace casi 10 años. Entonces me gustó, pero no me llegó al corazón de la misma manera que con este segundo visionado. Las celebraciones por el 25 aniversario de la película llegaban a principios de año a México, país en el que me encontraba trabajando Riviera Maya Film Festival, con la feliz coincidencia de que la cadena de cines mexicana por excelencia, Cinépolis, había decidido celebrarlo proyectándola en sus cines. Haber vivido esta experiencia audiovisual en pantalla grande ha sido todo un lujo. La historia, en apariencia inocente, poco a poco va adentrándose en temas tan reales, profundos y universales en los que es tan fácil sentirse identificados que… ¿cómo no te vas a emocionar? ¡Imposible!

El comienzo de Cinema Paradiso es sencillo: Salvatore llega tarde a casa, en la cama hay una mujer que le dice que ha llamado su madre para anunciar que un tal Alfredo ha muerto. A través de un flashback que dura prácticamente toda la película, Salvatore recuerda su infancia ambientada en los años 40 en su pueblo natal de Sicilia. Desde muy temprana edad Totó, así es como le llamaban de pequeño, desarrolla un amor especial por las películas y acude constatemente al cine local, el Cinema Paradiso. Allí comienza una amistad con el proyeccionista, Alfredo, quien se convertirá en la figura paternal que tanto necesita.

Además de mostrar una bonita historia paterno-filial, esta primera parte de la película tiene una peculiaridad muy atractiva para todo aquel amante del cine ya que se ve desde dentro cómo se proyectaban las películas en esa época, se transmite esa magia tan especial que sentían los proyeccionistas al palpar el celuloide. También se muestra la forma en que se censuraban las partes “picantes” y la gran afición que por aquella época todo un pueblo desarrollaba por ver película de cualquier tipo como una experiencia colectiva única.

Pero este cine mágico que se puede tocar también cuenta con una característica: es altamente inflamable. Esto hace que se produzca un accidente y que el cine se queme, Totó logra salvar la vida a Alfredo, pero se queda ciego. La pasión de los habitantes del pueblo por el cine hace que éste se vuelva a construir aunque ahora el proyeccionista es Totó, que aún sigue siendo un niño.

Cuando Salvatore se convierte en un adolescente, conoce a Elena y descubre lo que es sufrir por amor. Es entonces cuando Alfredo le anima a salir del pueblo y no volver jamás ya que de otra manera no podrá cumplir sus sueños. Ahora volvemos al presente, han pasado 30 años y Salvatore ya es un hombre adulto, que ha cosechado fama mundial como director de cine. La muerte de Alfredo es el detonante para regresar a su pueblo natal, reencontrase con sus orígenes y hacer las paces con su pasado.

¡Simplemente preciosa!

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