Ray Manzarek, The Doors y el cine

The Doors

El martes toda la prensa, especializada y generalista, se hacía eco de la notica. Ray Manzarek (1939-2013) el mítico teclista de The Doors y cofundador de la banda junto a Jim Morrison había muerto. Sucedía el día 20 en Alemania, donde el músico se encontraba recibiendo un tratamiento para el cáncer que padecía. Y así, de un día para otro, la historia del rock se volvía a quedar huérfana. Ya ha perdido a muchos padres y madres, pero no por ello cada vez que sucede duele menos.

Manzarek escapó a la maldición de ser un cadaver bien parecido como Jim Morrison, Janis Joplin, Jimi Hendrix o Brian Jones. No quiso pertenecer al Club de los 27 y siguió viviendo como lo que siempre había sido: un gran músico.

Logró que su fama no desapareciera con la disolución de The Doors, dos discos después de la muerte de Jim Morrison en 1971. Continuó cultivando ese particular estilo personal, tan característico y reconocible en los temas de la banda. Sin estos toques psicodélicos, sin ese teclado que hacía las veces de bajo, sin su aportación a las letras de la banda, sin la intro de Light my fire… Sin todo eso, la historia de The Doors sería bien distinta.

¿Qué habría hecho Morrison en compañía de otros músicos? ¿Y Manzarek? Es probable que ambos, en solitario, hubiesen logrado formar bandas de talento. Lo que nunca sabremos es si ahora estaríamos hablando de ellos como algunos de los músicos más influyentes de la historia del rock del siglo XX.

Fue una casualidad que Morrison y Manzarek se volvieran a econtrar en Nueva York después de su paso por UCLA, donde estudiaron cine. De esta casualidad, de un gusto similar por el arte y de una admiración mutua nació The Doors, cuyo nombre está tomado de un poema de Willian Blake: “If the doors of perception were cleansed every thing would appear to man as it is, Infinite. For man has closed himself up, till he sees all things thro’ narrow chinks of his cavern” (William Blake, The Marriage of Heaven and Hell).

Y gracias a esta coincidencia y al entendimiento muto, el mito de The Doors comenzó a formarse, a crecer y a establecerse en el imaginario colectivo. Las aportaciones que el cine ha hecho sobre la banda han ayudado a la propagación de su música como sinónimo de transgresión y originalidad y a asentar la figura de Morrison como un icono imprescindible de la cultura pop.

En 2009 pudimos ver el documental When You’re A Strange de Tom DiCillo. Se trata de una cinta interesante, sobre todo para los fans de Morrison y de la cultura pop-rock en general, aunque desde mi punto de vista se abusa de la voz en off (que en este caso es la de Johnny Depp).

Muchos dicen que la cinta de DiCillo retrata de forma más fidedigna la figura del músico, su personalidad y su aportación al mundo de la música que el popular biopic The Doors (1991) de Oliver Stone. De hecho, aunque la película de Stone se basara en el libro Riders On The Storm de John Densmore, batería de la banda, no consiguió la aceptación de sus integrantes ni de su círculo más cercano. Según los más críticos, en este trabajo la imagen de Morrison se desvirtúa, ofreciendo únicamente su parte más tormentosa y obviando la de músico.


Cuando se estrenó el documental When You’re Strange, Ray Manzarek declaro que esta cinta sí contaba “la verdadera historia de The Doors”, en comparación con la película de Oliver Stone.

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