Manhattan y el inconformismo emocional

Manhattan, Woody Allen

El domingo me acerqué hasta el Círculo de Bellas Artes para ver un clásico de la Historia del Cine: Manhattan (1979). No recuerdo cuándo vi por primera vez esta película del genio Woody Allen, probablemente fue en la facultad. Lo cierto es que además de haber disfrutado mucho más de este segundo visionado, me ha dejado un sabor de boca diferente. Al final el cine es como todo en la vida, en función del momento vital en que te encuentres, la interpretas de una manera o de otra.

Para todos aquellos que aún no han visto Manhattan o no recuerdan del todo la cinta, haré un pequeño resumen. El protagonista y director es Woody Allen, que interpreta a Issac Davis, un escritor de comedia para la televisión cuya vida sentimental pasa por dos fracasos matrimoniales, una actual romance con una jovencita de 17 años y una relación con la amante de su mejor amigo, Yale.

Todo un lío amoroso al más puro estilo Allen. Prácticamente todas las películas del director tienen como base este tema: el inconformismo emocional. Algo que puede parecer actual (¿acaso tus padres o tus abuelos no te han dicho eso de “es que ahora las parejas no aguantan nada”?), pero lo cierto es que no es nuevo, ni mucho menos. Es más, yo diría que va intrínseco en las personas. Y según la visión de Woody Allen, más en los hombres.

Otra cosa es que algunas personas encuentren a otras con las que querer establecerse y, digámoslo de alguna manera, “conformarse”. Pero, ¿nos conformamos de verdad? Por decirlo de una forma sencilla, parece que nunca estamos contentos con lo que tenemos. Cuando estamos en una relación seria echamos de menos las ventajas de estar soltera o de los líos amorosos cortos, fugaces y pasionales. Cuando tenemos precisamente esto, echamos de menos la estabilidad de poder contar con una persona en la que confiar y que te aporte seguridad. Y no, las dos cosas no se pueden tener.

Pero este inconformismo emocional no recae únicamente en las parejas. Por poner un ejemplo que me toca de primera mano citaré el de vivir en el extranjero. Siempre he sabido que quería vivir fuera de mi país, pero cuando hago las maletas y emigro, hay momentos en los que desearía no haberlo hecho. Al final siempre regreso a Madrid, donde vuelvo a sentir la inquietud del viajero constante.

En el fondo todos desearíamos ser felices con lo que tenemos, conformarnos. Pero ¡ay amigos! El ser humano es inconformista. ¿Esto quiere decir que estamos condenados a no ser felices nunca? Bueno, espero que no sea así, aunque lo cierto es que “necesitamos los huevos”. O lo que viene siendo lo mismo, nos gusta complicarnos la existencia. No tiene por qué ser necesariamente a través de miles de aventuras amorosas que no llegan a ningún lado. Puede ser a través de muchas otras cosas: emprender proyectos imposibles, planear viajes locos… Woody Allen nos lo hizo saber de una forma un tanto peculiar en su película Annie Hall (1977). La transcripción de la escena es la siguiente:

“Y recordé aquel viejo chiste, aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice: ‘Doctor, mi hermano está loco, cree que es una gallina‘. Y el doctor responde: ‘¿Pues por qué no lo mete en un manicomio?’. Y el tipo le dice: ‘Lo haría, pero necesito los huevos‘. Pues, eso más o menos lo que pienso sobre las relaciones humanas, saben, son totalmente irracionales y locas y absurdas, pero continuamos manteniéndolas porque la mayoría necesitamos los huevos”.

El ciclo de Woody Allen estará todo el mes de septiembre en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Si te perdiste Manhattan aún tienes dos oportunidades: el 14 y el 15 de este mes.

Si no puedes asistir, puedes ver la película en el siguiente enlace. Eso sí, la experiencia nunca será igual que disfrutarla en pantalla grande y en versión original 🙂

¿Y para ti? ¿Cuál es la mejor película de Woody Allen?

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